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Respira profundo. Inhala y exhala aire de forma lenta, constante y profunda, para aumentar la capacidad de tus pulmones, lo cual te ayudará al momento de practicar cualquier actividad física.

Salpica agua a tu rostro. Rocía unas gotas de agua en tu cara mientras aguantas la respiración. Con esto disminuirás la frecuencia cardíaca al aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre.

Suelta el aire lentamente. Inhala y exhala lentamente en cuatro ocasiones seguidas, para que tus pulmones tengan la capacidad de mantener el aire que ayudará a mejorar la oxigenación corporal.

Respiración costal. Siéntate e inhala lentamente para que el aire entre lentamente a tu cuerpo y de forma profunda. Debes contraer el abdomen para que el diafragma no se mueva.

Respiración nasal suplente. Siéntate en una posición cómoda y cierra la fosa nasal derecha con el pulgar. Inhala por la fosa izquierda, ciérrala y exhala por la derecha. Repite el proceso invirtiendo los lados. Repite el ciclo entero cinco veces.

Cierra la fosa nasal izquierda con el pulgar y respira por la derecha. Deja libre tu nariz para exhalar por las dos. Esto te ayudará a estimular tu cerebro y aumentar el calor corporal.

Inhala a través de tu fosa nasal izquierda y exhala con la derecha para calmar el cerebro, enfriar tu cuerpo y reducir la ansiedad.

Lavados nasales. Esta técnica mantendrá libres tus vías respiratorias. Pregúntale a tu médico cuál es la mejor solución para realizarlos.

Deja salir tus emociones: La risa o los bostezos liberan la tensión y dificultan la respiración, así que exprésate para que el aire fluya libremente.

Practica algún ejercicio: El yoga o la meditación favorecen una correcta respiración y aumentan tu capacidad pulmonar.

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